"Todos tus sueños pueden hacerse realidad si tienes el coraje de perseguirlos" (Walt Disney)

jueves, 19 de abril de 2012

Entrenamiento Mental y II



Antes de comenzar con un trabajo de entrenamiento mental es preciso tener en cuenta ciertos aspectos:

1. En primer lugar es necesaria una correcta técnica de la destreza. Es decir, por mucho que utilicemos correctamente las destrezas psicológicas, sin una adecuada técnica no conseguiremos el resultado que esperamos.

2. Delimitar el encuadre de intervención; la forma en que se va a trabajar, para poder establecer unos objetivos realistas.

3. Saber exactamente la necesidad del deportista y aclarar qué es lo que desea conseguir para no crear falsas expectativas.

4. Establecer objetivos a corto, medio, largo plazo. Éstos deberán ser concretos, medibles y realistas.

5. La idea principal es la de comenzar a practicar las habilidades necesarias de manera que con el tiempo se vayan automatizando e integrando en la rutina diaria del deportista. Es decir, en un principio será un proceso más lento y pesado, pero que con práctica se irá convirtiendo en algo natural.


Los objetivos que normalmente suelen marcar los deportistas suelen ser variados, no obstante, los más comunes y que a casi todos intrigan, serían: controlar la ansiedad pre-competitiva, post-competitivas y manejar las situaciones competitivas mediante una de las técnicas más utilizadas en el ámbito del deporte:    

LA VISUALIZACIÓN



La visualización es “la generación de una imagen mental o una imagen real de algo abstracto o invisible“, lo que aplicado a la práctica deportiva sería el “vernos a nosotros mismos” realizando una acción concreta. “Una de las razones por las que la visualización es tan efectiva, es porque el cerebro no distingue la diferencia entre un evento real y una visualización realmente vivida por él. Utilizar la técnica de la visualización apropiadamente permite que el cuerpo, alcance realmente su meta final sin haber llevado acabo el proceso, permitiendo a la mente y al cuerpo aprender de una forma mucho más rápida que realizando solamente las prácticas físicas”

La visualización no es solo aplicable a la preparación física, sino que también puede ser usada para mejorar el aprendizaje de cualquier técnica concreta o para el entrenamiento ante situaciones de estrés.

Muchas personas –relacionadas o no con el deporte– realizan intuitivamente esta práctica, que consiste simplemente en imaginar –visualizándolo– cómo van a actuar ante determinada situación. De igual forma, hay jugadores que «visualizan» cuál va a ser su actuación ante el próximo partido, repasando mentalmente gestos y movimientos: El gol que va a marcar, el penalti que va a parar, una jugada ideal, etc. En realidad, repasar mentalmente los gestos y movimientos correctos puede mejorar la técnica. Además, recrear experiencias significativas contribuye a eliminar las emociones negativas, establecer metas, y mejorar la autoconfianza.
Los neurólogos explican este proceso sobre la base de que la visualización mental activa los mismos circuitos neuronales que se ponen en marcha cuando se produce la acción en realidad. Cuando se tiene que realizar una respuesta motora compleja, se solicitan «reproducciones» almacenadas en la llamada memoria motora («grabadas» en procesos de aprendizaje anteriores) produciéndose entonces un «movimiento automático interiorizado».



Cuándo utilizar la visualización

La visualización ha de llegar a ser una parte normal de tu preparación, antes, durante y después del partido o entrenamiento. No es suficiente practicarla una vez a la semana, ¿te atreverías a jugar un partido habiéndote entrenado sólo un día?. La cantidad de tiempo dedicado depende de tu calendario de preparación y tus objetivos.

- Antes y después del partido: un mínimo: 5 minutos
- Durante el partido: utilízala unos segundos antes de cada acción
- En los descansos: algunos minutos

                               Fuente: www.psicotraining.org y Manual del portero (Ed. Paidotribo)







“La mente es verdaderamente increíble. Antes de ganar mi primer título de Mr. Universo, anduve en el torneo como si hubiera ganado; el título ya era mío. Lo había ganado tantas veces en mi mente, que no había duda de que triunfaría.” .... Arnold Schwarzenegger


Rebecca Owen : Gimnasta



Fernando Alonso: Piloto F1



Fernando Alonso: Piloto F1











martes, 17 de abril de 2012

Entrenamiento Mental I



El entrenamiento mental en el deporte no es otra cosa que la aplicación de ciertas habilidades psicológicas con el fin de mejorar y perfeccionar el rendimiento del deportista. En la mayoría de los casos, la diferencia  entre dos deportistas de similares capacidades físicas, técnicas y tácticas, está en una adecuada preparación mental, en una correcta utilización de las habilidades psicológicas, que se pueden ir perfeccionando si se trabajan con asiudad y regularidad.



A Continuación, creo que dos interesantes aportaciones para reflexionar.


Entrevista de Eduardo Punset a Shlomo Breznitz

Shlomo Breznitz es un Autor israelí, psicólogo, ex profesor de psicología, ex rector y presidente de la Universidad de Haifa, y miembro de la Knesset. Actualmente es el presidente y fundador de CogniFit, una empresa que desarrolla sistemas de entrenamiento cerebral capaz de mantener la salud cognitiva en forma de forma prolongada.





Entrevista de Eduardo Punset a Roger Schank

Roger Schank es un reconocido investigador en Inteligencia Artificial. Centra su trabajo en aplicar los avances en ciencia cognitiva para mejorar nuestra educación. Schank concibe nuestro cerebro como una máquina del aprendizaje y cree seriamente que no se le está enseñando de forma correcta.










jueves, 12 de abril de 2012

UN POCO DE HISTORIA: El equipo que revolucionó al mundo con el "Fútbol Total"

" Los seres humanos hacen su propia historia, aunque bajo circunstancias influidas por el pasado "............(Karl Marx)


...Un antes y un después de la década de los 70, aunque para mi todo comenzó con aquella maravillosa selección Brasileña liderada por Pelé y campeona del mundo que deslumbró en México`70, ese fue el germen, la semilla, que floreció en el país de los tulipanes, Holanda. En 1.971, 1.972 y 1.973 el Ajax de Amsterdam se proclama de manera consecutiva campeón de Europa, brillando con su juego, un juego revolucionario. Los mundiales de Alemania 1.974 y Argentina 1.978 donde los Holandeses fueron subcampeones, fue la confirmación a nivel mundial.
Yo era muy niño, de aquellos partidos de principios de los 70, solo tengo un vago recuerdo hasta el 74, del 78 en adelante creo que empecé a ser entrenador. 



El Jueves 8 de Julio de 2.004, Guillermo Monti escribió el siguiente artículo:                            (La Gaceta - Buenos Aires)


EL EQUIPO QUE REVOLUCIONÓ AL MUNDO CON EL "FÚTBOL TOTAL"


De la mano del extraordinario Johan Cruyff, el seleccionado de Rinus Michels asombró con un juego vistoso, rápido y contundente. La derrota en la final no empañó el mérito de una formación que hizo historia.

                 -La final del Mundial 74, de la que ayer se cumplieron 30 años, dejó para la estadística a un campeón como Alemania, pero para los amantes del fútbol, sin distinción de paladares, quedó la huella imborrable de un equipo revolucionario como la Holanda de Johan Cruyff.

Ironía del destino, ese equipo, cuya base fue el inolvidable Ajax que vapuleó en la Intercontinental del 72 al Independiente de Santoro, Sá, Pavoni, Pastoriza y Balbuena, fue para muchos el mejor del mundo en esa década, más allá de que hubo fracasado en la final.


Pero la falta del título no empalideció el brillo de un seleccionado que fue la amalgama de la belleza y la eficacia, a partir de tres conceptos básicos como el buen trato de la pelota, la presión en la marca, y la ocupación inteligente y dinámica de todos los sectores del campo de juego.

El técnico Rinus Michels supo combinar por partes iguales la destreza de sus individualidades y el espíritu solidario para servir al equipo según la fase del juego. Cualquier jugador holandés presionaba al rival cuando este tenía la pelota, y se ofrecía para recibirla cuando otro de camiseta naranja la poseía. Sin olvidar la gambeta si había obligación de resolver en el mano a mano.


Michels, a quien llamaban "El General" por su apego a la disciplina, tuvo el don de no cortar la inspiración de sus jugadores y sacar lo mejor de cada uno. Y tuvo también el buen tino de medir el rigor y oxigenar a sus dirigidos, permitiéndoles que recibieran a sus novias, esposas y familiares, sin que eso alterara la convivencia en una competición de semejante calibre.

Pero hablar de esa Holanda-equipo-orquesta y no hablar de los intérpretes de esa partitura sería injusto. Porque esa formación tuvo un líbero de categoría como Arie Haan, un stopper implacable como Wim Rijsbergen, dos laterales de toda la franja como Wim Suurbier y Ruud Krol (luego otro líbero de lujo), una media cancha que combinaba traslación, ubicación y pausa, con Johan Neeskens, Wim Jansen y Wim van Hanegem, y dos delanteros con desborde y gol, como Johnny Rep y Rob Rensenbrink. Y, por supuesto, tuvo un monstruo como Johan Cruyff, un jugador completo, goleador, cerebral, con recursos para cumplir cualquier cosa que se le pidiera.

¿Puntos flojos? El arquero Jan Jongbloed y cierta fragilidad anímica en los momentos cumbre. Alemania lo aprovechó y por eso se quedó con el título, pero ningún resultado podrá hacer olvidar la grandeza de aquel fútbol holandés. El fútbol total, el ideal del fútbol de siempre.

Rinus Michels



"Nos pasaron por arriba", reconoció Sa

'Francisco Pedro Manuel Sa "padeció" al seleccionado holandés subcampeón mundial en 1974 y al Ajax, el equipo que constituía la base de la "naranja mecánica". Según "Pancho", en ese momento Holanda estaba cuatro goles arriba de Argentina. "Esa era la diferencia entre ellos y nosotros. En Argentina faltaba un calendario internacional apropiado, la falta de roce con los europeos se notaba muchísimo. Pero ese Mundial fue una bisagra, porque al año siguiente llegó César Menotti a la dirección técnica y todo cambió para bien", explicó Sa.

"Cruyff era la figura cumbre de aquel equipo, porque no solamente se destacaba en su seleccionado y en Ajax, sino que después, cuando pasó a Barcelona, siguió siendo el mejor", resaltó el correntino. "Por lo que se advertía, Cruyff era líder del equipo dentro y fuera de la cancha -agregó-. No solamente prevalecía y se destacaba por su juego, sino también por su personalidad".

Respecto de las razones por las que Holanda nunca pudo imponer esa superioridad futbolística con la obtención de un título mundial, Sa tiene una visión muy particular. "Alemania siempre pelea títulos aun sin deslumbrar, lo mismo que Brasil e Italia, que forman equipos para ser campeones. Mientras que hay otros, como Holanda, que conforman equipos para jugar bien", recalcó.

Sa recordó aquel partido bajo la lluvia que Argentina perdió por 4 a 0 en el Mundial 74, en la ciudad de Gelsenkirchen. "Los holandeses te aplastaban. No hacían como otros, que cuando se ponían 2 a 0 guardaban la pelota. Siempre querían más", dijo.

"Me acuerdo justamente que cuando estaban ganando por ese marcador paró de llover y ellos aflojaron. Fue raro, porque después se largó de nuevo y volvieron a atacarnos con todo. Y obviamente nos pasaron por arriba. No parecíamos estar en el mismo nivel", admitió.

                               




Beckenbauer y sus hombres hicieron el milagro

Holanda ganó el Grupo 3 del Mundial 74 bailando a Uruguay (por milagro el partido terminó 2 a 0), empatando 0 a 0 con Suecia (con una descomunal actuación del arquero escandinavo Ronnie Hellstrom) y goleando por 4 a 1 a Bulgaria.


En la ronda semifinal, la "naranja mecánica" vapuleó 4 a 0 a la Argentina y superó 2 a 0 a Alemania Oriental. A continuación, se floreó ante el Brasil de Leao, Luiz Pereira, Rivelino y Jairzinho, con un 2 a 0 que no reflejó el dominio de Johan Cruyff y compañía.

Hasta que llegó la final, en el estadio "Olímpico" de Munich, ante 80.000 espectadores, el 7 de julio de 1974, seis días después de la muerte de Juan Domingo Perón. Allí, la jerarquía del "Kaiser" Franz Beckenbauer; la contundencia de Gerd Muller; la seguridad de Sepp Maier; la potencia de Paul Breitner y Bertie Vogts ("estampilla" de Cruyff en la final), truncaron el sueño de los naranjas.


De esa final se recuerda aún el gol de la apertura de Holanda, marcado por Neeskens, de tiro penal, por infracción de Vogts a Cruyff. Ningún jugador alemán tocó la pelota desde que los naranjas sacaron del medio al comenzar el partido. Transcurrieron un minuto y 17 toques, y Maier la tuvo que ir a buscar al fondo de la red.

Lo demás es historia: la reacción de Alemania que pasa ganar 2-1, la superioridad holandesa que no se plasma en la red, el título y la gloria para los locales, la frustración y el reconocimiento para los vencidos.








El mejor no fue el campeón

Revolucionó al fútbol mundial, pero no fue campeón. Tenía a los mejores jugadores, aunque la Copa quedó en manos ajenas. La estrella del torneo fue Johan Cruyff, por más que le tocó perder la final por 2 a 1. En el Mundial 74, la historia la escribió el segundo, toda una lección para los fundamentalistas del resultado y la estadística.


Extraordinaria conjunción de innovación táctica, excelencia técnica y capacidad física, ese seleccionado que dirigía Rinus Michels dejó con la boca abierta al planeta, con un fútbol bello, veloz y contundente. Muchos intentaron copiarlo, pero nadie se acercó a la perfección del original.

Beckenbauer levantó la Copa en Munich, pero en la memoria de los amantes del fútbol es Holanda la que ocupa el lugar preferencial.











jueves, 22 de marzo de 2012

JUEGO INTERIOR

Hace tiempo me llegó este gran relato de Imanol Ibarrondo, leerlo es un regalo y os invito a disfrutarlo.


Imanol fue futbolista profesional durante 12 años, licenciado en empresariales, Master en Gestión de Entidades Deportivas por la UPV y Coach formado en The Coaches Training Institute, Imanol Ibarrondo es socio fundador y Presidente de INCOADE, instituto de Coaching Deportivo, (www.incoade.com) donde ejerce de coach individual y grupal. Además de formador y ponente en multitud de eventos relacionados con el deporte y el coaching, Imanol es colaborador de Diario Deia así como de programas de radio y televisión.






Juego Interior:  por Imanol Ibarrondo

Jugué en todas las categorías del fútbol; desde Regional hasta 1ª División. Debuté en la máxima categoría con 22 años, saliendo de titular en más de 30 partidos. Digo salir, porque de competir..., poquito. Por supuesto, no conseguí mantenerme en Primera, y eso que yo pensaba que no era malo. Tenía un buen desplazamiento de balón, dominaba el juego aéreo, era contundente y agresivo, aunque también un poco lento y durito de cintura..., en fin, lo normal para un central de hace 15 años.

Durante bastante tiempo pensé que fue una cuestión de mala suerte o que fueron únicamente las circunstancias adversas las que impidieron que jugara más años en Primera (era muy joven, un entrenador inexperto, un club inestable, éramos una banda, Vallecas...), en definitiva, todo tipo de justificaciones y excusas. Lo cierto es que, en ese momento, desconocía todo lo que no sabía.

Con el tiempo entendí que cada uno crea su propia Suerte y que lo que realmente sucedió fue que no estaba preparado porque me faltaban dos de las condiciones básicas para poder competir al máximo nivel.

Primero, ¡no entendía el juego! y, por lo tanto, era incapaz de tomar las decisiones adecuadas en cada momento del partido. Mi arsenal de recursos para dar respuesta inmediata a los cientos de situaciones distintas que aparecen en un partido, con y sin balón, era muy limitado y absolutamente insuficiente. Yo siempre había jugado un fútbol más directo, más previsible y menos elaborado. Tardé años en comprender que el fútbol, tanto en ataque como en defensa, es un juego de engaño y, durante aquella temporada en Primera, casi siempre me tocaba hacer de ratón en lugar de gato.

Todo era demasiado rápido para mí y tenía serias dificultades para interpretar dónde, cuándo o porqué había que hacer una u otra cosa. Por eso, en muchas ocasiones, decidía tarde y mal. En mi opinión, ésta es una carencia que sigue afectando hoy en día a la mayoría de jugadores jóvenes, incluso en Primera División.

Considero que no entender el juego se debe, en gran parte, a que el sistema actual de enseñanza del fútbol en categorías de formación, así como las competiciones de fútbol base, son inadecuados. Los entrenamientos se basan en la instrucción más que en la formación. Se trabaja básicamente la repetición de acciones técnicas, pero no se fomenta debidamente la toma de decisiones, ni la capacidad de percibir, una y otra vez, miles de situaciones diferentes del juego, para conseguir que el jugador piense..., y piense rápido. Se dice que en
fútbol actual prima la velocidad, que hay que formar jugadores rápidos, y estoy de acuerdo con eso, pero no solamente velocidad de movimientos sino, sobre todo, velocidad de pensamiento. El objetivo debiera ser
formar jugadores inteligentes.

Por otro lado, con 22 años, no disponía de la mentalidad necesaria para competir al máximo nivel. En muchos partidos, me costaba mucho "estar puesto" en el campo. Perdía la concentración, no tenía confianza, salía muy tenso o demasiado relajado, me rendía con facilidad ante las situaciones adversas..., en definitiva, mi juego interior era manifiestamente mejorable. También creo que se ha avanzado muy poco en esta cuestión.
Este Juego Interior es un concepto que se puede y se debe trabajar de manera sistematizada en la formación integral del deportista, para dotarle de las herramientas y recursos necesarios que, sin duda, le van a hacer falta para enfrentarse a la competición, así como para superar las presiones, angustias, ansiedades y miedos que se generan en las situaciones de crisis (malos resultados, críticas, lesiones, suplencias, presiones...)

Por supuesto, el umbral mínimo necesario para poder competir en Primera División es disponer de un nivel óptimo de capacidades técnicas, tácticas y físicas pero, para alcanzar el máximo rendimiento, un jugador necesita trabajar el desarrollo de competencias emocionales básicas como pueden ser el autocontrol, la confianza o la motivación que le permitan anticipar respuestas eficaces ante todas las situaciones complicadas propias de la competición que, sin duda, se le van a presentar.

Para todo ello, es necesario plantear una formación integral del futbolista con una revolución de los sistemas y metodologías de entrenamiento, cuyo objetivo fundamental debiera ser la búsqueda de jugadores inteligentes en los ámbitos deportivo y emocional.

Utilizo en este artículo el título del primer libro de uno de los pioneros del Coaching Deportivo, Timothy Gallwey (Juego Interior), para sostener que, más allá de un buen nivel en las condiciones específicas para cada deporte, la cualidad que sin duda ayudará a un jugador a alcanzar un éxito integral y sostenido en su carrera deportiva, está en el desarrollo de su Juego Interior para manejarse adecuadamente a través de la montaña rusa de emociones, sensaciones y presiones que será su carrera profesional... y su vida.






lunes, 12 de marzo de 2012

DECÀLOGO DE UN GENIO

Entrevista realizada por Ramón Besa para El País, el Lunes 16 de Mayo de 1.994


Rexach analiza los mandamientos que él y Cruyff se marcaron al llegar al Barcelona.







La trascendencia de Johann Cruyff en el discurrir del F.C Barcelona es hoy incuestionable. Tuvo Josep Lluís Núñez la paciencia de aguantarle los dos primeros años, un hecho insólito en un presidente de talante mercantilista. Es Cruyff un tipo con suerte (ha ganado dos ligas en la última jornada y una Copa de Europa en la prórroga), listo (siempre sabe qué hay que hacer), provocador (habla para que el referido reaccione) y arrogante (nunca se equivoca) que ha convertido un club voluble, perdedor e histérico en un equipo triunfador, el carácter que mejor define al técnico holandés: es un ganador nato. Pidió sólo tres cosas a su llegada: dinero, buenos jugadores y a Charly de ayudante. Lo demás corría de su cuenta. Nadie como él conocía lo que se imponía.
El siguiente es el decálogo que, con los apuntes de Carles Rexach, aplicó Cruyff para triunfar a su llegada en 1988.

1. Orden.

Hay que ordenar un club desordenado en el campo y en los despachos. No puede ser que todo el mundo opine de todo y haga de todo. Conviene delimitar las funciones y después pedir responsabilidades: si a un portero se le dice que su misión es controlar una puerta y no debe dejar entrar a nadie, hay que exigirle que no pase nadie y no preguntarle nada más. Una faena, pero bien hecha. Los directivos deben estar en los despachos, los jugadores en el vestuario y los técnicos en su vestuario. Habrá, eso sí, un punto de encuentro,y los canales de comunicación oportunos, pero para que uno no invada la parcela del otro es preciso llamar a la puerta. No hay nada más insultante para un futbolista que un dirigente le sermonee junto a la taquilla en presencia de todo el colectivo. La gente debe saber que en un sitio están los jefes y en el otro los indios.


2. Optimismo.
Hay que hablar claro. Puede que Cruyff sea el entrenador que peor habla, pero es también aquel al que mejor se le entiende. La facilidad de comunicación del cuerpo técnico debe servir para difundir un mensaje de optimismo. Hay que acabar con el fatalismo, transmitir seguridad y calentar a la afición.


3. Sentido de equipo.
Cada uno puede pensar lo que quiera cuando sea una cuestión personal, pero hay que unificar criterios al tratar del colectivo. Era necesario dignificar la palabra equipo, y para ello hay que acabar con los clanes del vestuario y concienciar a los jugadores de que trabajaban para un fin común. No basta con decir que eres un equipo, sino que debes serlo dentro y fuera del campo. El partido del domingo no es más que la expresión
del comportamiento seguido durante las seis jornadas laborales precedentes. Hay que estar por la labor. El sentido de equipo se adquiere sólo cuando los individuos van abandonando el vestuario y el conjunto se va renovando, sin que la afición, la gente ni nadie se dé cuenta.


4. Liberación.
Hay que liberar al equipo de cualquier presión y responsabilidad. Mejor: el jugador no debe tener miedo a perder por lo que pueda decir la gente, sino por lo que le dirá el técnico. El carisma del entrenador (Cruyff) permite absorber ese entorno malicioso. No se tiene que ser, sin embargo, dictatorial, sino que cuando uno sea consciente de que el futbolista ya no tiene ningún temor, hay que delegar responsabilidades, y el jugador lo agradecerá.


5. Colaboración. 
Hay que establecer una relación fluida entre la plantilla, los técnicos y los medios de comunicación. Son parcelas difíciles de llevar, pero el éxito depende muchas veces de la comprensión entre estas tres partes tan diferenciadas.


6. Espectáculo.
Hay que acabar con el cemento de la grada. La única solución es proponer un fútbol alegre y divertido, montar un espectáculo. Hay que reír en lugar de llorar. Intentar jugar siempre bien al fútbol. Divertirse con el partido. Y para ello lo que se necesitan son, como se dice en el argot, 11 Pelés.


7. Autoridad.
Si no quieres estrellarte como cualquier entrenador, hay que dominar el gallinero. Para ser técnico del Barcelona es más importante saber llevar a un colectivo de cracks que corregir un partido sobre el campo. Un equipo funciona sólo cuando jugador se convence de que lo que debe hacer es lo mejor. Hay que tener ascendiente sobre colectivo, seducir y convencer. Es necesario aprovechar la imagen de ídolo que tiene el técnico entre los jugadores. Rexach explica un ejemplo: Cruyff dice hoy: ‘Vamos a hacer un rondo con un
balón de rugby’. La cosa no funciona y resulta que el más atrevido del grupo pregunta a Johann: ‘Mister!, ¿por qué entrenamos con un balón ovalado si al fútbol se juega con un balón redondo?’. Y Cruyff contesta: ‘Porque quiero que tengáis poder de reacción ante una pelota sin control’. Eso lo dice Cruyff  y te convences, tiene su lógica, pero lo cuenta otro técnico y al día siguiente está en la calle”.


8. Seguridad.
Hay que convencer a cada uno de que lo que hace es lo mejor para él, para sus compañeros y para el patrón. La meta es repartir el abecé del fútbol a cada jugador. Ejemplo: “Usted, que es un interior, debe hacer esto y no hacer lo otro, y nada más”. Una vez que se aprende lo que debe hacer un interior, puedes pensar en otras variantes. Y cuando no funciona, hay que volver al abecé. Lo principal es tener unas normas. Es labor de los técnicos saber qué quieres hacer y después encontrar quién lo puede hacer. Sólo hay que solicitar al jugador lo que sabe hacer y nada más. Pedir su calidad. El futbolista debe tener confianza en lo que hace. Es preferible que a un defensa le roben el balón por querer hacer un regate, por un exceso de confianza, que por una pifia, por un error provocado por el miedo a fallar.


9. Fidelidad. 
Todo el equipo, tanto técnico como futbolístico, debe comulgar con la misma idea y abrir los canales suficientes para que cuando se produzcan desajustes puedan solventarse. El capitán debe ser en el campo la expresión del entrenador y en el vestuario el punto de referencia de sus compañeros. Hay futbolistas que son tímidos, que tienen miedo a llamar a la puerta del vestuario del entrenador, y les resulta más fácil solicitar la mediación del capitán. Es muy importante para el entrenador saber lo que pasa, y lo antes posible. En el momento en que el credo futbolístico se impone en la plantilla profesional, debes expandirlo a todos los equipos inferiores. Hay que crear un estilo de juego y un estilo de vida de acuerdo con la esencia del club, y por ser un club grande hay que motivar y exigir siempre.


10. Dedicación. 
El futbolista debe pensar sólo en el fútbol; no por obligación, sino por diversión. Hay que rodear el entorno de diversión —entrenamientos divertidos, comunicación fluida...— y, sobre todo, divertirse jugando. En el momento en que sufres, cuando pides la hora, cuando piensas en llegar a casa..., entonces no puedes jugar en este equipo, porque no jugarás bien. Los entrenadores deben predicar con el ejemplo: jugar a fútbol, estar en el campo, en el rondo, y enseñar... No hay nada mejor que el hecho de que el técnico juegue al
lado del futbolista, pare el juego, corrija, comente. Y Rexach concluye: “Una palabra de Cruyff en un rondo vale más que 100 horas de charla y pizarra”........(Mi Preferida)